En un accidente botrópico, la fiebre persistente puede plantear una pregunta difícil: ¿hay infección activa o una respuesta inflamatoria extensa sostenida por el veneno? El relato acompaña esta duda a la cabecera del paciente y muestra cómo la termografía infrarroja puede agregar una capa funcional al seguimiento clínico.
La pregunta que organiza el caso
El artículo describe a un hombre joven, residente de una comunidad ribereña en Oriximiná, Pará, atendido cerca de cuatro horas después de una mordedura de serpiente del género Bothrops en la pierna derecha. El cuadro fue clasificado como accidente moderado y tratado con suero antiofídico, analgesia, cuidado de la herida y seguimiento hospitalario prolongado.
Durante la hospitalización, la lesión evolucionó con necrosis local y el paciente mantuvo episodios febriles. La investigación de laboratorio y microbiológica no encontró un foco infeccioso detectable. En este escenario, la fiebre dejó de leerse solo como signo de infección probable y pasó a exigir una lectura integrada de la respuesta inflamatoria local y sistémica.
Dolor intenso, edema y equimosis en el sitio de la mordedura. Suero antiofídico administrado después de la clasificación como accidente botrópico moderado.
Aparición de necrosis local, exudado e hipertermia axilar persistente, con antibioticoterapia profiláctica y cuidado de la herida.
Tras suspender el antiinflamatorio y el antitérmico regular, la curva febril se hizo más evidente y se obtuvieron los primeros termogramas.
El termograma posterior mostró extensión inflamatoria en el miembro inferior, mientras los exámenes infecciosos permanecieron negativos.
En accidentes por Bothrops, los antibióticos pueden ser necesarios cuando hay infección establecida. El desafío es no confundir automáticamente toda fiebre persistente con infección, especialmente cuando la biología del veneno también sostiene dolor, necrosis, activación inflamatoria, alteraciones microvasculares y liberación de mediadores capaces de modular la temperatura corporal.
Lo que añadió la termografía
La termografía no decidió el diagnóstico de forma aislada. Ayudó a visualizar la extensión funcional del proceso inflamatorio. Al comparar regiones de interés entre el miembro afectado y el contralateral, los autores observaron diferencias térmicas expresivas que acompañaron la evolución clínica.
La curva febril como parte de la historia
El estudio relata 24 medidas de temperatura axilar durante la hospitalización, con media de 37,84 °C, desviación de 0,67 °C y variación entre 36,6 °C y 39,2 °C. La curva ayuda a percibir que el fenómeno febril no fue puntual: acompañó el proceso clínico y exigió interpretación junto con los exámenes, el examen físico y la evolución local.
La inflamación no es un detalle local
El veneno botrópico es descrito por la literatura como proteolítico, procoagulante, paradójicamente hemorrágico y proinflamatorio. Esta combinación ayuda a explicar por qué la lesión local puede ser extensa, dolorosa y persistente, con repercusiones que no caben solo en la apariencia de la herida.
La imagen térmica hace más visible esta extensión porque acompaña la distribución de calor en la superficie. En vez de mirar solo un punto de la herida, el método permite observar topografía, asimetría y regiones de interés en comparación con el miembro opuesto.
Acompañar la extensión térmica de la inflamación, comparar lados, documentar evolución y enriquecer la discusión entre fiebre infecciosa y fiebre inflamatoria cuando el resto del cuadro clínico apunta en esa dirección.
Examen físico, cultivos, hemograma, proteína C reactiva, función renal, coagulación, evaluación vascular, cuidado de la herida y decisión médica individualizada.
La termografía no transforma la fiebre en diagnóstico. Ayuda a ver la fisiología térmica que acompaña la lesión.
Por qué esta publicación importa para la termología médica
El caso muestra una aplicación coherente de la termografía: no como imagen llamativa, sino como herramienta de seguimiento funcional. La pregunta clínica ya existía; la cámara añadió una forma de observar la extensión y la variación térmica del proceso inflamatorio a lo largo de los días.
Este es el tipo de uso que acerca la termología médica a la práctica translacional. El dato térmico no necesita competir con exámenes de laboratorio o métodos anatómicos. Su papel es otro: mostrar distribución funcional de calor, dentro de protocolo, para dialogar con la clínica.
Referencia principal
Ribeiro JAS, Gomes G, Brioschi ML, Barbosa SMM, Teixeira MJ. Inflammation and fever after Bothrops snakebite: a brief clinical-epidemiological review through case report and infrared thermography follow-up. Pan American Journal of Medical Thermology. 2019;6:87-93.
Comentario publicado por la Revista Termodiagnose. Autoría científica del estudio original: João Alberto de Souza Ribeiro y colaboradores.